20071231

Nada Personal (Parte 1): “Silenzio Stampa”

El Personal Fest 2007 se presentaba como el último de los grandes festivales de música de la temporada. Producido por la empresa Pop Art al igual que los otros dos grandes “tanques” del año –el Quilmes Rock y el Pepsi Music–; tuvo mucha menos difusión que aquellos, aunque la prioridad en esta clase de megaeventos es la promoción de la marca auspiciante.

¿Falló en esta ocasión la maquinaria publicitaria, promocional y de prensa que acompaña este tipo de festivales? En absoluto. A causa los incidentes ocurridos durante la primera jornada, la trastienda del Personal Fest reveló la efectividad con la que puede manejarse a una prensa más comprometida con las fuentes y los auspiciantes que con los lectores y la audiencia.

La primera jornada (viernes 7 de diciembre), comenzó con mucho souvenir y el público jugando con pelucas de colores. Pero fue creciendo en tensión y terminó en avalanchas, corridas, un herido que recibió un puntazo y mucha gente que abandonó el predio antes de que subiera a escena el rapper Snoop Dogg.

Se suponía que, pasada la una de la madrugada del sábado, las 20 mil personas que llenaron el club Ciudad de Buenos Aires deberían haber desalojado el predio desde hace casi una hora. Sin embargo, todos están esperando a Snoop Dogg, que con su larga demora genera mucho fastidio en un público que hace rato dejó de bailar y pasarla bien.

Para pasar del amontonamiento y el tedio al desbande, sólo se necesita una chispa. El polvorín explota cuando un joven es herido de un puntazo en el abdomen (foto), y a partir de ese momento se suceden avalanchas y corridas que llegan hasta la avenida Cabildo, a diez cuadras del club.

Gente pisoteada, aplastada, y una histeria general que se apoderó del predio fueron los acontecimientos que todos vivieron aquella noche, pero que no se difundieron sino hasta el lunes siguiente por los principales medios acreditados presentes en el lugar.

La consigna, por parte de la organización, fue tratar de mantener el “silenzio stampa” para que la jornada del sábado no se viera amenazada por algún tipo de clausura preventiva o denuncia judicial. Demasiada inversión publicitaria estaba en juego como para que un “incidente aislado” (según calificó la revista Rolling Stone, a pesar de que dicho incidente expulsó del club a la mitad de la audiencia) amenazara con suspender el festival.

Y así sucedió. La distancia entre una tragedia y un incidente aislado se mide por la longitud de una herida o se determina por la puntería de un puntazo (por suerte) mal dado. Varios heridos y un apuñalado que debió ser operado en el hospital Rivadavia (Edisson Boudiwana), son un precio racional de acuerdo a la aritmética de los RR.PP., los encargados de prensa y comunicación.

El público pasa de ser consumidor de las marcas que organizan el festival, a material descartable. Mientras haya muchos otros dispuestos a bailar y divertirse, la inversión es redituable. El periodismo, en este caso, fue el garante para que el éxito comercial no se viera amenazado.


Mariano García

20071210

Leonardo Villafañe: “No hay un planteo serio aun sobre el trabajo periodístico en la web”

Como editor de El Cronista.Com (versión digital del centenario diario económico argentino), Leonardo Villafañe se ha especializado en el desarrollo, estudio y docencia del periodismo digital. Graduado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Nacional de Córdoba, desde hace años participa en congresos y dicta cursos relacionados con la materia.

Sobre el desarrollo incipiente del periodismo digital, las particularidades de ejercerlo en un medio especializado en Economía, y la historia de El Cronista.Com de la última década, habló en la última charla en el marco de la Maestría en Periodismo de la Facultad de Ciencias Sociales.


Pioneros en la web, pero con dificultades

A pesar de no ser un periódico de gran tirada, El Cronista fue el primero en tener una versión disponible en Internet, desarrollada entre los años 1994 y 1995. Así explica Villafañe sus características: “Básicamente era la clonación de la información que estaba en papel. Estaba subida a un sitio que era muy precario en materia de diseño y navegabilidad, pero tenia un aspecto distintivo y que lamentablemente fue destruido por alguien cuando El Cronista (cuyo dueño era Eurnekian) empiezan a digitalizar los archivos de Internet.”

Cuando en 2001 el grupo español Recoletos (dueño entre otros de los sitios web del periódico deportivo Marca, de Actualidad Económica y Diario Médico) compra El Cronista, no se incluyó en la operación la transferencia del sitio web. Entonces, “ellos abandonan el sitio –explica Villafañe–, porque quedaron con un contrato medio leonino, y ahí quedo el sitio como un lugar para subir la pagina de papel de diario. Hasta que comienza a destrabarse de la situación contractual y el sitio se relanza en diciembre de 2003. Se armó un equipo de seis personas para relanzarlo con actualizaciones, rediseño, todo aquello que se había acumulado en este acervo cultural de archivo y comienza la migración de archivos de un servidor a otros. Pero quedó una parte del archivo en un servidor y otra parte en otro, estaba virtualmente destruido, porque los motores de búsqueda no servían. Ahí lo di prácticamente por perdido, lo que era una pena.”

Para el año 2003, el sitio se relanzó y comenzó una etapa de actualización que llevó a El Cronista.Com a su forma actual, agregando noticias de último momento al diseño. Sin embargo, los problemas no se habían resuelto en su totalidad. “La empresa nos contó que tenia intenciones de crecer, pero esto no se cumplió porque los empresarios de Recoletos, desde que llegaron se querían ir”, comenta el actual editor.

Al año siguiente, la empresa española quita periodistas del medio digital, para llevarlos al papel, y finalmente en 2006 deciden vender. “El sitio quedó abandonado por falta de recursos, pero lo mantuvimos piloteando hasta que tuvo nuevo dueño”. Con la compra por parte de De Narváez, durante 2007 hubo un nuevo relanzamiento, con la principal innovación de pasar a tener contenidos disponibles para quienes no son suscriptores.

Apertura y nuevo enfoque

Así explica Villafañe este nuevo enfoque del medio. “En la anterior etapa había que estar suscripto para leer El Cronista en Internet, ahora hay servicio mixto. Ya la concepción era distinta, el desarrollo del sitio no estaba concebido como un valor propio, sino un «anabólico» mas. Nosotros la pensamos como una sección mas del diario”.

En esta nueva etapa, las capacidades periodísticas se diferencian de las tradicionales competencias necesarias para el trabajo impreso. “A los chicos de ahora se les pide mantener bastante conocimiento multimedial. Se les exige saber cortar audios y videos, y eso habla de la flexibilidad laboral, porque al hacer todo, la nota, titular, cortar audios, no sé si se hará bien todo.”

Sobre la nueva forma de trabajo en equipo, Villafañe comenta que “En Internet es fundamental la relación con la parte técnica. Cuando empecé a trabajar acá, la relación con el diseñador era complicada. Es toda una discusión, porque además tenés un programador. El lenguaje va cambiando, el lenguaje de Internet ya se codificó, así como hay lenguaje televisivo y radial.”

Adaptarse a estos cambios tecnológicos implica que el periodista no se ocupe solamente de escribir su nota. El manejo multimedial pasa a ser un requisito que no todos poseen, y que algunos aceptan “por cuestión de futuro laboral, porque entiende que es un cambio necesario, o por vanidad por estar con su video en la web”, resume el editor. Un cambio que afecta más a las antiguas generaciones: “Tenemos 5 jóvenes en la redacción que manejan muy bien los programas, no tienen ningún problema en hacerlo, es parte de su trabajo. En cambio si a un periodista de más de 30 años le decís eso, es más complejo”, concluye.

Futuro incierto

La precariedad en la que se desarrolla en la actualidad el periodismo digital, llevan a Villafañe a ser precavido en cuanto a perspectivas a futuro. “Aún no hay suficiente inversión en los medios on line para hacer un trabajo mas serio, se tiene mucho pasante que hace lo que puede”. Su balance final no suena demasiado alentador: “No hay un planteo serio aun sobre el trabajo periodístico en la web.”

20071203

Juan Sasturain: Una vacuna contra la fobia a los libros

Los 37 años de labor periodística lo sorprenden a Juan Sasturain con una popularidad ganada a fuerza de lo que siempre fue su pasión: la literatura. El éxito de su ciclo “Ver para leer” por Telefé (donde recomienda libros al público masivo de la TV abierta) y la reciente reedición de sus novelas por Página/12, lo han puesto en el centro del escenario del periodismo cultural.

Pero Sasturain no es sólo una cara en la pantalla y en los afiches de la vía pública. Profesor de Letras, docente en la UBA y en la Universidad Nacional de Rosario, ha trabajado durante casi cuatro décadas en diarios como Clarín, La Opinión, La Razón, Página/12, Tiempo Argentino, Sur, La Voz; en diferentes revistas (Superhumor, Feriado Nacional, Fierro 1º y 2º época) y fue guionista de historietas como Perramus.

20071126

Sobre escritores y periodistas

Con una trayectoria en medios que muchos periodistas desearían poder contar, Sasturain se considera al margen de la profesión: “La verdad es que yo no soy periodista; he laburado mucho en los medios, pero no estudié periodismo, no tengo vocación periodística. Por vocación me gusta escribir, y en este país si uno quiere ganarse la vida haciendo lo que le gusta tiene que trabajar en los medios gráficos, y asociarse a la Utpba, y por lo tanto te convertís en periodista. Lo digo con absoluto respeto y admiración por mis compañeros de redacción, hoy de Página/12. He estado siempre rodeado de grandes periodistas.”

Lejos de considerarse una excepción, asocia su trayectoria en los medios gráficos a la de muchos de sus amigos y compañeros de generación. “Los que ahora tenemos como 60 años –explica– comenzamos a escribir y pasamos por la facultad en los conmovidos ´60, y fuimos docentes en los despelotadísimos ´70. Somos la primera generación de pretendientes escritores que trabajamos muchísimo en los medios: Osvaldo Soriano, el Negro Fontanarrosa, el Negro Dolina son impensados fuera de los medios. Son escritores que llegaron al libro pero no necesariamente empezaron por el libro, el libro es como un lugar de paso. Pero es el lugar donde yo me siento más cómodo.”

La profesión terminó quitándole un poco de esa comodidad del mundo de los libros, para meterlo de lleno en el vértigo del periodismo diario. “Yo empecé a laburar adentro de un diario a los 50 años. Una cosa es laburar en un diario y otra hacer una revista mensual de historietas: hacer eso es una joda. Yo fui colaborador de Página/12 desde que empezó, pero hace diez empecé a ir todos los días. Era como un pasante veterano: tuve que aprender a cerrar a los 50 años.

Televisión y cultura de masas

La televisión también le dio a Juan Sasturain una bienvenida tardía, con “Ver para leer”, presentado por Telefé como el “primer programa sobre literatura de la televisión abierta y privada” (entiéndase comercial y masiva). Los domingos a la medianoche, el ciclo ideado por Claudio Villarruel le ofrecía al público que se quedaba hasta el final de Gran Hermano autores como Cortázar, Charles Dickens, María Elena Walsh, Maurico Kartún, Armando Discépolo, Roberto Fontanarrosa, Pablo Neruda, y una larga lista de imprescindibles de las letras.

Cuenta la historia que Villarruel le hizo el ofrecimiento a Sasturain en el cumpleaños de 15 de su hija, proponiéndole un modelo similar a “El show de los libros” del chileno Antonio Skármeta. “Evidentemente debe haber sido por la asociación de un pelado de anteojitos –ironiza el escritor y periodista- y me dijo «¿por qué no lo hacés vos?», me habrá visto alguna vez charlando en la tele con alguna soltura, y me lo ofreció. ¡Y por que no! Qué más lindo que un programa de libros por la tele. Entonces al año siguiente (el año pasado), me contactan con la productora, y ya estaba el programa armado: «Va a tener esta estética, y vos vas a hacer un personaje que le van a pasar cosas y las tenés que resolver con libros. Cada vez que tengas un problema, lo tenés que resolver con libros». «¿Vos estás en pedo?», le dije, «¿Te creés que voy a hacer esta payasada?». Y terminé haciendo todo, hasta lo peor”.

Fue así que Sasturain, junto al actor Fabián Arenillas, se encargó de introducir en el gusto por la literatura al público masivo, en un formato que combina la ficción, el humor y la divulgación, con una escenografía que juega con la estética de la historieta, otra de las pasiones del conductor.

Esta experiencia, da pie para que Sasturain reflexiones sobre la relación entre lo que se considera como alta cultura y consumos masivos. “Decía muchas pelotudeces sobre la televisión. Tenemos tantos prejuicios, es un preconcepto que uno tiene de acuerdo a su experiencia sobre lo nuevo. Pero con los fenómenos de los medios masivos hay muchísima ambigüedad, y hay algunos mecanismos de crítica cultural que, ahora vistos en perspectiva, son bastante evidentes. Aquello que en el momento se desprecia, con los años es reivindicado por los mismos sectores culturales: Sandro, Pepe Biondi, el Negro Olmedo, El Chavo. Cosas que en su momento, si las veían en televisión te vomitaban al lado. Hoy en día hasta elogian las películas con Porcel, y son una basura. Olmedo ha hecho cosas buenas, pero también basura a paladas. Y un caso muy lindo es el de Bolaños, el Chavo. ¡Las huevadas que se han escrito desde el buen sentido! El Chavo es una comedia extraordinariamente bien hecha: con personajes creíbles y queribles.”

Y previniéndose de objeciones que las mentes bien pensantes pueden hacer entre su programa y el tanque de Telefé, Sasturain aclara: “En la televisión comercial, ni antes ni ahora la cultura tuvo un espacio importante (cuando había monopolio estatal te la tenías que comer). Este es un canal comercial en la que la decisión de hacer un programa como este no es distinta a la decisión de hacer Gran Hermano o cualquier otro programa que tenga al aire. Tiene que ser un programa que le funcione.”

La pregunta que surge, entonces, es si considera que el objetivo divulgativo del programa se ha cumplido, a lo que Sasturain responde: “Es una especie de introducción, de vacuna contra la fobia al libro. El programa está dirigido a quien no lee. La inmensa mayoría que ve el programa es la gente que está viendo Gran Hermano y se quedan viendo lo que sigue. Es un programa masivo dirigido a aquel que no lee. Entonces, cuando se menciona un libro se parte de cero: cuando yo digo Cortázar, abajo dice quién es Cortázar; no se sobreentiende, no hay una complicidad de información. Hay una complicidad que creo que es muy valiosa, que es la del placer por la lectura. Si uno es capaz de transmitir el placer, que es la única razón por la que uno hace algo, hay que recuperar eso. Si no, vamos todos a casa.”.

Lecturas y teorías

A lo que apunta el escritor y periodista es a transmitir la particular relación que las personas tienen con la literatura. Tal como él lo entiende, “la experiencia de la lectura es individual, solitaria y silenciosa. Eso es leer. No tiene nada que ver con la inmensa mayoría de actividades que tenemos en nuestra experiencia cotidiana. Todo lo hacemos simultáneamente haciendo otras cosas, generalmente con la presencia del sonido, acompañados y con un conjunto de estímulos. Para leer tienen que caer los otros estímulos y exige un alto grado de concentración. La inmensa mayoría de las actividades que realizamos tienden a dispersar nuestra atención, tendemos a sentirnos más cómodos cuando estamos con la atención más dispersa; así es nuestra vida. Entonces, la lectura se convierte en una experiencia que no es normal y común; ya no lo es” explica.

Sasturain no reniega de su formación universitaria, pero no ahorra críticas para el academicismo que rodea al mundo de las letras. Según él, “una de las perversiones que nos tiene en un falso dilema es lo mal que está el sistema educativo: no sirve para nada. De diagnóstico estamos hartos, hay a patadas. Ya se sabe todo lo que está mal. De teoría, de diagnósticos, de investigación, estamos hartos. La realidad está harta de tanto diagnóstico. Esto va a parecer una provocación antiteórica, pero hay muchos ladrones que viven de esto; es el aparato que hace que en lugar de operar sobre la realidad, les basta con tener razón.”

Argumentos como estos son los que lo llevan a reivindicar el placer por la lectura, antes que el pesimismo y la sobreinterpretación propios del mundo académico. Nada nuevo para alguien que ha reivindicado los géneros mal llamados “menores” (las historietas, la literatura sobre fútbol, entre otros), mucho antes de que éstos fueran abrazados por la cultura oficial.

Durante años fue compañero de ruta de figuras como Osvaldo Soriano, Roberto Fontanarrosa y Alejandro Dolina. Hoy le toca a Juan Sasturain tomar la punta en el difícil juego de poner en jaque los prejuicios que separan la cultura masiva, la popular y la letrada. Una apuesta que no importa si tiene o no un resultado final, pero que merece ser jugada.

20071122

“Yo fui un idiota útil”

El periodista y profesor Daniel Santachita estuvo en la Facultad de Ciencias Sociales y habló para los Maestrandos de Periodismo acerca de sus experiencias en los medios, un poco a contramano de la visión rosa que suele tenerse del ambiente. Dejó algunas definiciones interesantes sobre el funcionamiento del sistema y reflexionó sobre el rol del periodista en ciertas coyunturas históricas, como la que a él le tocó vivir. Sanpedrino como Lalo Mir, Fernando Bravo, Estela Montes y César Macetti, no se calló nada.


Una autodefinición

A pesar de ser un “ex” de los medios, Santachita prefiere definirse de otra manera. Dijo que no volvería más a trabajar de donde, siente, pudo escapar, así que prefiere presentarse “como un arrepentido. Arrepentido de haber laburado y no haber entendido. Porque en realidad, yo no desprecié los oropeles, no me di cuenta que estaban. Sino, hubiese ido en pos de ese oro, diría con ironía”.

Y agregó que en su “camino profesional, en mi educación en los medios, está la esperanza de modificar algunas cosas, entender la información como un bien social, y en consecuencia avanzar por ese camino. Y el otro es tratar de beneficiarse en lo personal. Habría una tercera posición (como tantas veces se utilizó ese término), que es tratar de vivir bien, haciendo lo que nos parece lo más digno dentro del medio”, subrayó.

Hizo sus primeras experiencias en medios en San Pedro, en la radio local, y llegó a Buenos Aires a principios de los ´80, donde comenzó a trabajar en Radio Continental y logró cierto renombre. Pero la misma dinámica de funcionamiento lo llevó a reflexionar sobre lo que estaba haciendo. “Yo me fui de los medios en la década del ’90 -recordó-, en la década de la globalización, porque empecé a sentir que era un reproductor de ciertos sentidos sociales, en beneficio de ciertas elites económicas.”

Eso, siente, lo llevó a transformarse “en un vocero a favor de las privatizaciones, por pereza, por no indagar, o por ignorante, y llegó un momento que me hizo un click. Yo hablaba todo el tiempo de que había que privatizar los ferrocarriles, porque no funcionaban, sin darme cuenta que en realidad estaba suscribiendo todo un discurso que apuntaba a que se privaticen. ¡Pedazo de tarado! (por no decir otra palabra)”, señaló con cierta resignación.

“Me arrepiento, entonces, de no haberme dado cuenta”, repitió, “de haber trabajado dentro de un sistema, donde llegué tarde a darme cuenta de lo que pasaba. La ironía pasa por el hecho de que al no haber comprendido, no me favorecí de las mercancías que giran en torno a esa producción de sentido en los medios de difusión. Por la ignorancia atávica que tenemos los periodistas en muchas cosas, al no saber eso, terminamos pidiendo que privaticen los ferrocarriles, por ejemplo, porque cada vez funcionaban peor. En consecuencia, la guita se la llevaron otros, y yo fui un idiota útil.”


Plantar posición

Santachita sostuvo, sin mencionarlo explícitamente, una posición ética respecto al hacer periodístico y sus consecuencias. Afirmó: “Ir por la vida con esa carga es insoportable. Haber estado en medio de una fuente y un receptor, siendo funcional a los intereses de la fuente. Y así se privatizó todo. Se creó todo un escenario, para que desde la gente se reclamara eso.”

¿Por qué sucede esto? ¿Cuáles son los motivos de tamaña carga? “El periodismo suele reproducir fuentes interesadas: si a mí me llama alguien, para generar un rumor, y me dice que tiene una primicia, y la primicia es una mercancía, y estoy en una radio cuyo slogan es ´informa primero´ (el slogan del servicio informativo de radio Mitre), entonces me van a llamar a mí.”

También al respecto, sostuvo que no cree “en la neutralidad de las fuentes. Y me di cuenta que, tarde o temprano, me iba a convertir en un vocero de ese poder. Obviamente, si no hay fuentes no hay noticias. El tema es cómo nos preparamos nosotros, para mediar entre esas fuentes y los destinatarios de las noticias. Las fuentes, generalmente intentan persuadir. Y hay condicionamientos que no sólo pasan por las sugerencias permanentes, o regalos para el día del periodista, sino también por un hermoso sobre así de gordo”, dijo mientras parecía recordar ejemplos de sobres hermosos.


Otros rumbos

¿Qué sucedió luego de ese “abandono” de los medios? Sentía que tenía cosas para decir, y decidió decirlas en el ámbito académico. “Empecé a tomar el camino universitario, y estoy en ese lugar ahora. La universidad me da la posibilidad de abrir un signo de interrogación frente al que está del otro lado. Tal vez no me suceda esto en un ambiente de pares, pero nos sucede mucho cuando estamos frente a gente más joven.”

“Llegan a nosotros egresados de la escuela secundaria que toman a los medios como la verdad revelada -continuó-. Entonces, trato que cuando pasan por mí, de 25 que son, cuatro o cinco entiendan al ver televisión lo que es la construcción del acontecimiento. Para mí con eso ya está. Para una causa futura, ya hay cuatro o cinco personas más que piensan. Es una militancia a favor del pensamiento.”

Su esperanza es que esos pocos -según su visión- que pueden reflexionar sobre un saber que se hace haciendo puedan lograr algo que transforme eso que a él lo dejó de lado y lo obligó a dejar los medios. “Para mí, esto de cambiar los medios desde adentro es una utopía, una esperanza. Una utopía a alcanzar de a pasos, acercándose. Eso es una utopía. Yo no abandonaría el optimismo; me podrían poner en el lugar de apocalíptico, pero yo reniego. Si me tienen que poner entre apocalípticos e integrados, soy apocalíptico. Pero si me dan la posibilidad de construir otra imagen, diría que soy un optimista. Porque si estoy laburando en esto, es porque creo que las generaciones que vienen van a tomar una posta a la que hay que ayudar. Yo la voy a ver, o no; no me importa. Como no me importó la guita, en el momento de pasar de ganar tres mil dólares por mes, a veinte pesos la hora, es un cambio fuerte.”


Comunicación o difusión

Otro tema que transitó el “arrepentido mediático” y profesor universitario fue el de las definiciones que podrían caberle a los medios. Y presentó una dicotomía: “Yo descreo bastante de la palabra comunicación cuando se habla de los medios. Es un debate que está bastante repartido. Yo, generalmente, lo planteo en el primer día al iniciar un curso: pregunto si los medios son de comunicación o de difusión. En consecuencia, al hacer ese planteo estoy empezando a descreer de la palabra comunicación, que implica por en común, discutir en comunidad.”

“Me parece que los medios generan una agenda a partir de lo que un autor como Bell define como opinión pública. Que no es la opinión del público, sino la construcción que opera a partir de las elites económicas, sociales y políticas; que pasa por las redes de comunicación, que son tomadas por los líderes de opinión, que son voceros de esas élites, y que finalmente se instalan en un público más o menos capacitados para decodificar esos mensajes de los medios, y luego andan diciendo ´lo dijo el diario, lo dijo la radio, lo dijo la televisión´”, opinó.

Para entender qué entendemos por comunicación, sostuvo, “primero hay que definir qué entendemos por medios. De todas las definiciones de medios, yo tomo una, de José Luis Fernández, que escribió un libro que se llama Los lenguajes de la radio. Fernández define a los medios, como ´el o los dispositivos técnicos, que con sus prácticas sociales relacionadas, permiten la relación discursiva más allá del contacto cara a cara´. ¿Por qué uso esta definición? Para hacernos cargo de los medios que consumimos, porque la tendencia es a decir que los medios instalan la agenda, y nosotros somos víctimas. Vamos a ver entonces si algo hacemos para que no entre tan directamente ese medicamento que nos dan para adormecernos”, desafió.


Internet: ¿un bien social?

Suele presentarse a internet como el invento que democratizó la información, y que ahora cualquiera puede convertirse en periodista en tanto cuenta lo que “esta ocurriendo” en algún lado. Pero la pregunta principal parece ser otra: ¿quiénes acceden a esa libertad ilimitada que sería internet? Santachita opinó que “la gran democracia que produce Internet es siempre a favor de los sectores favorecidos. Porque en realidad, en aquellos sectores donde las brechas digitales y sociales son muy fuertes, ni siquiera hay acceso a esto. Entonces, me parece que Internet es un buen paso para que haya otras voces. Pero todavía no la pondría en la categoría de medio masivo. Internet requiere de cierta alfabetización previa, para una franja de mayores de 50 años no es un consumo sencillo”, diagnosticó.

Y puso un ejemplo de la fragilidad que -según él- es característica todavía de este medio: “Con la radio en Internet, cuando se cae el servidor no te escucha más nadie. Se dice que se puede llegar a todas partes del mundo. Sí, a dos en Francia, dos en Inglaterra, cuatro en Chacarita, y cuando hay 50 tipos se cae el sistema. No quiero negar la tecnología, lo que pasa es que todavía no está desarrollada. Algún día será maravillosa, pero para mí, hoy en día no cumple ninguna función. Pero Internet sí puede ser una herramienta para que aparezcan otras voces”, finalizó.