
Lo cierto es que el 27 de agosto de 1920 los doctores Enrique Telémaco Susini, Luis Romero Carranza, César José Guerrico y Miguel Mujica, cuatro jóvenes porteños, cultos, amantes de la ópera realizaron, desde la terraza del Teatro Coliseo con un equipo transmisor de cinco vatios de potencia, la presentación -no casualmente- de la ópera Parsifal, de Wagner. Inauguraban así una nueva forma de comunicación.
Cuatro médicos, estudiosos de los efectos eléctricos en medicina -según el propio Susini-, pero también radioaficinados lo bastante bien informados como para estar a la vanguardia en el asunto . Amantes de la música y el teatro, estos “Locos de la azotea” (como se los denominó por aquellos años) transformaron una actividad de aficionados en uno de los medios de comunicación más poderosos, influyentes y atractivos de todos los tiempos. Las primeras transmisiones, punto a punto. La radiofonía se inauguró internacionalmente en 1906 cuando desde Massachusetts, Reginald Aubrey Fessenden leyó un relato del nacimiento de Cristo que unos operadores de telegrafía sin hilo captaron desde la costa de Nueva Inglaterra, en EEUU. Un año después, en 1907, Lee de Forest construyó y patentó un tubo para transmitir la voz humana, el Audión. Los antecedentes a estos primeros intentos de radio datan de unos diez años antes cuando Guglielmo Marconi, un joven italiano, inventa la telegrafía sin hilos y logra así transmitir señales de radio a través del Océano Atlántico.
Pioneros de las telecomunicaciones, apasionados de la electrónica, los primeros trabajadores

En ese mismo 1923, el día 14 septiembre, se produce la primera gran transmisión deportiva: el Combate del Siglo. Parecían voces llovidas del cielo aquellas que relataron la pelea entre el bonaerense Luis Ángel “el toro salvaje de las Pampas” Firpo y Jack “el matador de Manassa” Dempsey, rol que la radio desarrollaría y explotaría extensamente desde entonces y hasta la actualidad. En realidad, la transmisión de la pelea era la lectura de los cables que iban llegando al “estudio”, provenientes -estos sí- del borde del cuadrilátero. Ya no quedaron dudas de que la radio era capaz de acercar, en apenas horas, aquello que hasta ese momento tardaba días y hasta meses en conocerse.
La Asosiación Argentina de Broadcasting se costituye en 1924, ese año se funda LOY Radio Nacional, denominada luego Radio Belgrano, y el diario La Nación inaugura una sección permanente de carácter técnico y noticioso sobre radiotelefonía y radiofonía. La radio a galena es desplazada por la radio con parlante, externo, que en poco tiempo se adosó al aparato y convivió con las válvulas en las radios capillas.
En 1925 se crea una radio con una característica particular: comienza sus transmisiones LOZ Broadcasting La Nación, hoy Radio Mitre, la primera emisora que pertenece a un medio gráfico cuyos titulares se leían cada mañana al comenzar la transmisión, dando origen así a una intrínseca relación entre la radio y los medios gráficos.
En los primeros años de la radiofonía argentina las emisoras eran privadas en su totalidad; el Estado, que aún así regulaba el funcionamiento de las mismas, funda la primer emisora de su propiedad en 1927. Difundiendo óperas desde el Teatro Colón nace el 23 de Mayo Radio Broadcasting Municipal.
Mejorando la señal (y no había internet)
Las transmisiones empezaron a captarse hasta en los pueblos más alejados desde principios de los años ’30 mediante las proezas tecnológicas de las cadenas de Radio Splendid, Radio Belgrano y la Red Azul y Blanca de Radio El Mundo.

Cuadro de las transformaciones.
Desde sus primeras denominaciones hasta cómo las conocemos en la actualidad, los nombres de las radios fueron modificándose a veces por criterios comerciales, otras de propiedad y también por conveniencias legales. A continuación, algunos ejemplos de estos cambios :

Un caso particular es El Mundo, que mantiene su nombre desde su fundación en 1935: LR1 Radio El Mundo. Algunas de las otras, y con larga tradición y gran cantidad de oyentes día a día, debieron pasar por muchos nombres antes de llegar a nuestros oídos como lo hacen ahora.
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