20080107

Nada Personal (Parte 2): Las reglas no escritas del periodismo

La noticia que llega tarde no es noticia, enseñan los manuales de periodismo. Una máxima que bien conocen los encargados de prensa del Personal Fest, mientras bajan la línea oficial para los medios que la noche del viernes 7 de diciembre están presentes cuando se suceden los incidentes que terminan en avalanchas y un herido internado con una perforación de siete centímetros en su abdomen.

En la carpa de prensa al costado del escenario, se improvisa una nueva regla no escrita: un herido grave, sobre 20.000 concurrentes, tampoco debería ser noticia. Pasada la una de la madrugada, los responsables de comunicación, prensa y RR.PP. de Personal, Pop Art y CIE Rock & Pop apuestan a que la información sobre los incidentes no llegue a la TV ni a las páginas web de los medios allí presentes a la mañana siguiente.

Por suerte para la organización, los diarios ya cerraron su edición del sábado 8, y las revistas especializadas tardarán días en salir a la calle. Quedan los medios radiales, digitales, televisivos, y agencias de noticias; que por estar comprometidos de alguna forma u otra con el Festival, se unirán en una espiral de silencio hasta que todo termine con normalidad.

El grupo Clarín es uno de los principales sponsors del festival. Con los derechos de televisación exclusivos para el canal TN, y carteles publicitarios que cubren los pasillos del Club Ciudad de Buenos Aires; aseguran que no arruinarán la fiesta con las imágenes de las corridas que tienen en su poder, pero que difundirán recién a partir del lunes. Como triste ejemplo, queda el comentario en vivo del Bebe Contepomi en su programa “La Viola” (TN), que con su habitual condescendencia se limitó a decir “pasaron muchas bandas, pasaron muchas cosas”.

En Clarin.com no se publica nada sobre los incidentes, a pesar de las continuas actualizaciones que realizan las 24 hs., sobre temas de menor relevancia, con la avidez de alimentar el “Último momento”. De hecho, el único periodista que está presente en el momento en que Edisson Boudiwana recibe el puntazo es del suplemento Sí! de Clarín. Él vio todo lo sucedido, pero lo que relató a sus colegas en la sala de prensa no fue publicado a tiempo en su medio.

Por el lado de la “competencia”, la revista Rolling Stone (que edita La Nación) se anima a un poco más, y en su edición web publica una nota que menciona lo sucedido, pero lo minimiza al calificarlo de “hecho aislado”. En este caso, la abundante pauta publicitaria que Personal tiene en el sitio web de la revista ejerce la presión necesaria para que la nota salga de línea al día siguiente.

De las dos radios que transmiten en vivo el festival, una pertenece a la organización (Rock & Pop) y la otra está en relación directa con Personal (La Mega, que es transmitida a través de Internet por Arnet, ISP de Telecom). Ambas asumen el rol de medios oficiales, y ninguna dará importancia a las corridas y avalanchas.




Sólo un periodista, acreditado en el festival y presente a la hora de los incidentes (que se vieron en vivo por el sistema de circuito cerrado de TV de la sala de prensa, el mismo que muestra el video que ilustra esta nota) puede hacer llegar la información a los demás medios. Es un enviado de la agencia DyN, que compra a sobre cerrado el argumento de los encargados de prensa. “Si yo llego a mandar en un despacho que hay un apuñalado en el Personal Fest, lo levanta Crónica y se arma un desastre. No se puede arruinar todo esto, por un solo herido”, explica.

Sin olvidar que trabaja también para una empresa del Grupo Clarín, demora su despacho hasta la tarde del día siguiente, y repite la minimización del hecho que recita comunicado oficial. Para cuanto comience la jornada del sábado 8, sólo los presentes en el lugar hablarán de lo sucedido. Y el show continuará.

Mariano García

20071231

Nada Personal (Parte 1): “Silenzio Stampa”

El Personal Fest 2007 se presentaba como el último de los grandes festivales de música de la temporada. Producido por la empresa Pop Art al igual que los otros dos grandes “tanques” del año –el Quilmes Rock y el Pepsi Music–; tuvo mucha menos difusión que aquellos, aunque la prioridad en esta clase de megaeventos es la promoción de la marca auspiciante.

¿Falló en esta ocasión la maquinaria publicitaria, promocional y de prensa que acompaña este tipo de festivales? En absoluto. A causa los incidentes ocurridos durante la primera jornada, la trastienda del Personal Fest reveló la efectividad con la que puede manejarse a una prensa más comprometida con las fuentes y los auspiciantes que con los lectores y la audiencia.

La primera jornada (viernes 7 de diciembre), comenzó con mucho souvenir y el público jugando con pelucas de colores. Pero fue creciendo en tensión y terminó en avalanchas, corridas, un herido que recibió un puntazo y mucha gente que abandonó el predio antes de que subiera a escena el rapper Snoop Dogg.

Se suponía que, pasada la una de la madrugada del sábado, las 20 mil personas que llenaron el club Ciudad de Buenos Aires deberían haber desalojado el predio desde hace casi una hora. Sin embargo, todos están esperando a Snoop Dogg, que con su larga demora genera mucho fastidio en un público que hace rato dejó de bailar y pasarla bien.

Para pasar del amontonamiento y el tedio al desbande, sólo se necesita una chispa. El polvorín explota cuando un joven es herido de un puntazo en el abdomen (foto), y a partir de ese momento se suceden avalanchas y corridas que llegan hasta la avenida Cabildo, a diez cuadras del club.

Gente pisoteada, aplastada, y una histeria general que se apoderó del predio fueron los acontecimientos que todos vivieron aquella noche, pero que no se difundieron sino hasta el lunes siguiente por los principales medios acreditados presentes en el lugar.

La consigna, por parte de la organización, fue tratar de mantener el “silenzio stampa” para que la jornada del sábado no se viera amenazada por algún tipo de clausura preventiva o denuncia judicial. Demasiada inversión publicitaria estaba en juego como para que un “incidente aislado” (según calificó la revista Rolling Stone, a pesar de que dicho incidente expulsó del club a la mitad de la audiencia) amenazara con suspender el festival.

Y así sucedió. La distancia entre una tragedia y un incidente aislado se mide por la longitud de una herida o se determina por la puntería de un puntazo (por suerte) mal dado. Varios heridos y un apuñalado que debió ser operado en el hospital Rivadavia (Edisson Boudiwana), son un precio racional de acuerdo a la aritmética de los RR.PP., los encargados de prensa y comunicación.

El público pasa de ser consumidor de las marcas que organizan el festival, a material descartable. Mientras haya muchos otros dispuestos a bailar y divertirse, la inversión es redituable. El periodismo, en este caso, fue el garante para que el éxito comercial no se viera amenazado.


Mariano García

20071210

Leonardo Villafañe: “No hay un planteo serio aun sobre el trabajo periodístico en la web”

Como editor de El Cronista.Com (versión digital del centenario diario económico argentino), Leonardo Villafañe se ha especializado en el desarrollo, estudio y docencia del periodismo digital. Graduado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Nacional de Córdoba, desde hace años participa en congresos y dicta cursos relacionados con la materia.

Sobre el desarrollo incipiente del periodismo digital, las particularidades de ejercerlo en un medio especializado en Economía, y la historia de El Cronista.Com de la última década, habló en la última charla en el marco de la Maestría en Periodismo de la Facultad de Ciencias Sociales.


Pioneros en la web, pero con dificultades

A pesar de no ser un periódico de gran tirada, El Cronista fue el primero en tener una versión disponible en Internet, desarrollada entre los años 1994 y 1995. Así explica Villafañe sus características: “Básicamente era la clonación de la información que estaba en papel. Estaba subida a un sitio que era muy precario en materia de diseño y navegabilidad, pero tenia un aspecto distintivo y que lamentablemente fue destruido por alguien cuando El Cronista (cuyo dueño era Eurnekian) empiezan a digitalizar los archivos de Internet.”

Cuando en 2001 el grupo español Recoletos (dueño entre otros de los sitios web del periódico deportivo Marca, de Actualidad Económica y Diario Médico) compra El Cronista, no se incluyó en la operación la transferencia del sitio web. Entonces, “ellos abandonan el sitio –explica Villafañe–, porque quedaron con un contrato medio leonino, y ahí quedo el sitio como un lugar para subir la pagina de papel de diario. Hasta que comienza a destrabarse de la situación contractual y el sitio se relanza en diciembre de 2003. Se armó un equipo de seis personas para relanzarlo con actualizaciones, rediseño, todo aquello que se había acumulado en este acervo cultural de archivo y comienza la migración de archivos de un servidor a otros. Pero quedó una parte del archivo en un servidor y otra parte en otro, estaba virtualmente destruido, porque los motores de búsqueda no servían. Ahí lo di prácticamente por perdido, lo que era una pena.”

Para el año 2003, el sitio se relanzó y comenzó una etapa de actualización que llevó a El Cronista.Com a su forma actual, agregando noticias de último momento al diseño. Sin embargo, los problemas no se habían resuelto en su totalidad. “La empresa nos contó que tenia intenciones de crecer, pero esto no se cumplió porque los empresarios de Recoletos, desde que llegaron se querían ir”, comenta el actual editor.

Al año siguiente, la empresa española quita periodistas del medio digital, para llevarlos al papel, y finalmente en 2006 deciden vender. “El sitio quedó abandonado por falta de recursos, pero lo mantuvimos piloteando hasta que tuvo nuevo dueño”. Con la compra por parte de De Narváez, durante 2007 hubo un nuevo relanzamiento, con la principal innovación de pasar a tener contenidos disponibles para quienes no son suscriptores.

Apertura y nuevo enfoque

Así explica Villafañe este nuevo enfoque del medio. “En la anterior etapa había que estar suscripto para leer El Cronista en Internet, ahora hay servicio mixto. Ya la concepción era distinta, el desarrollo del sitio no estaba concebido como un valor propio, sino un «anabólico» mas. Nosotros la pensamos como una sección mas del diario”.

En esta nueva etapa, las capacidades periodísticas se diferencian de las tradicionales competencias necesarias para el trabajo impreso. “A los chicos de ahora se les pide mantener bastante conocimiento multimedial. Se les exige saber cortar audios y videos, y eso habla de la flexibilidad laboral, porque al hacer todo, la nota, titular, cortar audios, no sé si se hará bien todo.”

Sobre la nueva forma de trabajo en equipo, Villafañe comenta que “En Internet es fundamental la relación con la parte técnica. Cuando empecé a trabajar acá, la relación con el diseñador era complicada. Es toda una discusión, porque además tenés un programador. El lenguaje va cambiando, el lenguaje de Internet ya se codificó, así como hay lenguaje televisivo y radial.”

Adaptarse a estos cambios tecnológicos implica que el periodista no se ocupe solamente de escribir su nota. El manejo multimedial pasa a ser un requisito que no todos poseen, y que algunos aceptan “por cuestión de futuro laboral, porque entiende que es un cambio necesario, o por vanidad por estar con su video en la web”, resume el editor. Un cambio que afecta más a las antiguas generaciones: “Tenemos 5 jóvenes en la redacción que manejan muy bien los programas, no tienen ningún problema en hacerlo, es parte de su trabajo. En cambio si a un periodista de más de 30 años le decís eso, es más complejo”, concluye.

Futuro incierto

La precariedad en la que se desarrolla en la actualidad el periodismo digital, llevan a Villafañe a ser precavido en cuanto a perspectivas a futuro. “Aún no hay suficiente inversión en los medios on line para hacer un trabajo mas serio, se tiene mucho pasante que hace lo que puede”. Su balance final no suena demasiado alentador: “No hay un planteo serio aun sobre el trabajo periodístico en la web.”

20071203

Juan Sasturain: Una vacuna contra la fobia a los libros

Los 37 años de labor periodística lo sorprenden a Juan Sasturain con una popularidad ganada a fuerza de lo que siempre fue su pasión: la literatura. El éxito de su ciclo “Ver para leer” por Telefé (donde recomienda libros al público masivo de la TV abierta) y la reciente reedición de sus novelas por Página/12, lo han puesto en el centro del escenario del periodismo cultural.

Pero Sasturain no es sólo una cara en la pantalla y en los afiches de la vía pública. Profesor de Letras, docente en la UBA y en la Universidad Nacional de Rosario, ha trabajado durante casi cuatro décadas en diarios como Clarín, La Opinión, La Razón, Página/12, Tiempo Argentino, Sur, La Voz; en diferentes revistas (Superhumor, Feriado Nacional, Fierro 1º y 2º época) y fue guionista de historietas como Perramus.

20071126

Sobre escritores y periodistas

Con una trayectoria en medios que muchos periodistas desearían poder contar, Sasturain se considera al margen de la profesión: “La verdad es que yo no soy periodista; he laburado mucho en los medios, pero no estudié periodismo, no tengo vocación periodística. Por vocación me gusta escribir, y en este país si uno quiere ganarse la vida haciendo lo que le gusta tiene que trabajar en los medios gráficos, y asociarse a la Utpba, y por lo tanto te convertís en periodista. Lo digo con absoluto respeto y admiración por mis compañeros de redacción, hoy de Página/12. He estado siempre rodeado de grandes periodistas.”

Lejos de considerarse una excepción, asocia su trayectoria en los medios gráficos a la de muchos de sus amigos y compañeros de generación. “Los que ahora tenemos como 60 años –explica– comenzamos a escribir y pasamos por la facultad en los conmovidos ´60, y fuimos docentes en los despelotadísimos ´70. Somos la primera generación de pretendientes escritores que trabajamos muchísimo en los medios: Osvaldo Soriano, el Negro Fontanarrosa, el Negro Dolina son impensados fuera de los medios. Son escritores que llegaron al libro pero no necesariamente empezaron por el libro, el libro es como un lugar de paso. Pero es el lugar donde yo me siento más cómodo.”

La profesión terminó quitándole un poco de esa comodidad del mundo de los libros, para meterlo de lleno en el vértigo del periodismo diario. “Yo empecé a laburar adentro de un diario a los 50 años. Una cosa es laburar en un diario y otra hacer una revista mensual de historietas: hacer eso es una joda. Yo fui colaborador de Página/12 desde que empezó, pero hace diez empecé a ir todos los días. Era como un pasante veterano: tuve que aprender a cerrar a los 50 años.

Televisión y cultura de masas

La televisión también le dio a Juan Sasturain una bienvenida tardía, con “Ver para leer”, presentado por Telefé como el “primer programa sobre literatura de la televisión abierta y privada” (entiéndase comercial y masiva). Los domingos a la medianoche, el ciclo ideado por Claudio Villarruel le ofrecía al público que se quedaba hasta el final de Gran Hermano autores como Cortázar, Charles Dickens, María Elena Walsh, Maurico Kartún, Armando Discépolo, Roberto Fontanarrosa, Pablo Neruda, y una larga lista de imprescindibles de las letras.

Cuenta la historia que Villarruel le hizo el ofrecimiento a Sasturain en el cumpleaños de 15 de su hija, proponiéndole un modelo similar a “El show de los libros” del chileno Antonio Skármeta. “Evidentemente debe haber sido por la asociación de un pelado de anteojitos –ironiza el escritor y periodista- y me dijo «¿por qué no lo hacés vos?», me habrá visto alguna vez charlando en la tele con alguna soltura, y me lo ofreció. ¡Y por que no! Qué más lindo que un programa de libros por la tele. Entonces al año siguiente (el año pasado), me contactan con la productora, y ya estaba el programa armado: «Va a tener esta estética, y vos vas a hacer un personaje que le van a pasar cosas y las tenés que resolver con libros. Cada vez que tengas un problema, lo tenés que resolver con libros». «¿Vos estás en pedo?», le dije, «¿Te creés que voy a hacer esta payasada?». Y terminé haciendo todo, hasta lo peor”.

Fue así que Sasturain, junto al actor Fabián Arenillas, se encargó de introducir en el gusto por la literatura al público masivo, en un formato que combina la ficción, el humor y la divulgación, con una escenografía que juega con la estética de la historieta, otra de las pasiones del conductor.

Esta experiencia, da pie para que Sasturain reflexiones sobre la relación entre lo que se considera como alta cultura y consumos masivos. “Decía muchas pelotudeces sobre la televisión. Tenemos tantos prejuicios, es un preconcepto que uno tiene de acuerdo a su experiencia sobre lo nuevo. Pero con los fenómenos de los medios masivos hay muchísima ambigüedad, y hay algunos mecanismos de crítica cultural que, ahora vistos en perspectiva, son bastante evidentes. Aquello que en el momento se desprecia, con los años es reivindicado por los mismos sectores culturales: Sandro, Pepe Biondi, el Negro Olmedo, El Chavo. Cosas que en su momento, si las veían en televisión te vomitaban al lado. Hoy en día hasta elogian las películas con Porcel, y son una basura. Olmedo ha hecho cosas buenas, pero también basura a paladas. Y un caso muy lindo es el de Bolaños, el Chavo. ¡Las huevadas que se han escrito desde el buen sentido! El Chavo es una comedia extraordinariamente bien hecha: con personajes creíbles y queribles.”

Y previniéndose de objeciones que las mentes bien pensantes pueden hacer entre su programa y el tanque de Telefé, Sasturain aclara: “En la televisión comercial, ni antes ni ahora la cultura tuvo un espacio importante (cuando había monopolio estatal te la tenías que comer). Este es un canal comercial en la que la decisión de hacer un programa como este no es distinta a la decisión de hacer Gran Hermano o cualquier otro programa que tenga al aire. Tiene que ser un programa que le funcione.”

La pregunta que surge, entonces, es si considera que el objetivo divulgativo del programa se ha cumplido, a lo que Sasturain responde: “Es una especie de introducción, de vacuna contra la fobia al libro. El programa está dirigido a quien no lee. La inmensa mayoría que ve el programa es la gente que está viendo Gran Hermano y se quedan viendo lo que sigue. Es un programa masivo dirigido a aquel que no lee. Entonces, cuando se menciona un libro se parte de cero: cuando yo digo Cortázar, abajo dice quién es Cortázar; no se sobreentiende, no hay una complicidad de información. Hay una complicidad que creo que es muy valiosa, que es la del placer por la lectura. Si uno es capaz de transmitir el placer, que es la única razón por la que uno hace algo, hay que recuperar eso. Si no, vamos todos a casa.”.

Lecturas y teorías

A lo que apunta el escritor y periodista es a transmitir la particular relación que las personas tienen con la literatura. Tal como él lo entiende, “la experiencia de la lectura es individual, solitaria y silenciosa. Eso es leer. No tiene nada que ver con la inmensa mayoría de actividades que tenemos en nuestra experiencia cotidiana. Todo lo hacemos simultáneamente haciendo otras cosas, generalmente con la presencia del sonido, acompañados y con un conjunto de estímulos. Para leer tienen que caer los otros estímulos y exige un alto grado de concentración. La inmensa mayoría de las actividades que realizamos tienden a dispersar nuestra atención, tendemos a sentirnos más cómodos cuando estamos con la atención más dispersa; así es nuestra vida. Entonces, la lectura se convierte en una experiencia que no es normal y común; ya no lo es” explica.

Sasturain no reniega de su formación universitaria, pero no ahorra críticas para el academicismo que rodea al mundo de las letras. Según él, “una de las perversiones que nos tiene en un falso dilema es lo mal que está el sistema educativo: no sirve para nada. De diagnóstico estamos hartos, hay a patadas. Ya se sabe todo lo que está mal. De teoría, de diagnósticos, de investigación, estamos hartos. La realidad está harta de tanto diagnóstico. Esto va a parecer una provocación antiteórica, pero hay muchos ladrones que viven de esto; es el aparato que hace que en lugar de operar sobre la realidad, les basta con tener razón.”

Argumentos como estos son los que lo llevan a reivindicar el placer por la lectura, antes que el pesimismo y la sobreinterpretación propios del mundo académico. Nada nuevo para alguien que ha reivindicado los géneros mal llamados “menores” (las historietas, la literatura sobre fútbol, entre otros), mucho antes de que éstos fueran abrazados por la cultura oficial.

Durante años fue compañero de ruta de figuras como Osvaldo Soriano, Roberto Fontanarrosa y Alejandro Dolina. Hoy le toca a Juan Sasturain tomar la punta en el difícil juego de poner en jaque los prejuicios que separan la cultura masiva, la popular y la letrada. Una apuesta que no importa si tiene o no un resultado final, pero que merece ser jugada.